Sanar la Herida Materna, para volvernos auténticas.

En este nuevo encuentro, proponemos revisar una cuestión importante para nuestras vidas: romper con la esencia patriarcal del legado emocional que nos brinda el vínculo materno es, a veces, el precio que tenemos que pagar por lograr la autenticidad y la libertad que anhelamos.
Hay una premisa indiscutible que guía nuestra vida y es que cada hija lleva consigo a su madre. Es un vínculo eterno del que nunca nos podremos desligar, siempre contendremos algo de nuestras madres.
Etiquetas sutiles como “la rebelde”, “la solitaria”, “la niña buena” solo transmiten un mensaje “no debes crecer para ser amada”. En este punto conviene hacerse consciente y sanar esa esencia, aunque ello
suponga una desvinculación que en parte es agresiva y, por ende, dolorosa.
Las creencias patriarcales promueven un nudo inconsciente entre madres e hijas, en el que solo una de ellas puede tener el poder. Es una dinámica de “una de las dos” basada en la escasez que deja a ambas sin poder alguno. Para las madres que han sido especialmente privadas de su poder, sus hijas pueden convertirse en “el alimento” de su identidad atrofiada y en el vertedero de sus problemas. Debemos permitir que nuestras madres recorran su propio camino y dejar de sacrificarnos por ellas.

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