de donde vienen mis miedos

De donde vienen mis Miedos?

De donde vienen mis Miedos? Algunos tipos de miedo que sufrimos los seres humanos:

A lo desconocido – por ejemplo a la muerte o a una situación nueva.

A la soledad – a veces la gente teme a la soledad hasta el punto que no pueden soportar estar solos y prefieren perderse en relaciones y actividades superficiales.

Al futuro – el aumento de las crisis en el mundo, sean políticas, económicas, medioambientales o sociales, crea o añade miedo individual o colectivo al futuro.

A la enfermedad – a veces debido a su miedo a la enfermedad, la gente empeora las dolencias que padecen o viven atemorizados de contraer algo terrible.

A los demás – suele ser el miedo peor: el miedo a la ira, el rechazo, el juicio y la violencia de los otros.

Al fracaso – algunas personas evitan hacer algo, o deciden no actuar, debido a que el miedo a fracasar paraliza su iniciativa y su confianza.

A la autoridad – puede tratarse del miedo a un padre o a un director o hasta a Dios. Debido a que frecuentemente se ha hecho un mal uso de la autoridad, o que ésta ha sido mal representada; para controlar y anular a la gente, se ha convertido en una fuerza negativa, tanto personal como colectivamente, en la sociedad.

Mis Miedos, mi Jaula

Hay muchas razones para estos miedos, pero las principales incluyen:

• Experiencias pasadas, que conllevan decepción, inseguridad o recelo.
• Falta de fe en uno mismo y en los demás.
• La necesidad de aprobación, de pertenecer o de ser aceptado.
• El hábito de ver las cosas negativamente.

Uno de los grandes productos del miedo es la duda.

Cuando una persona está perdida en la duda, no puede creer en soluciones y respuestas, ni siquiera para experimentar con ellas o de tratar de ver si pueden funcionar. La duda en una forma extrema crea tanta incertidumbre e inseguridad que la persona sufre de una parálisis mental e incluso emocional. Se produce un bloqueo o una situación de pánico en la que no hay iniciativa positiva que sea posible. La mente está acosada por preguntas: “¿cómo?”, “¿cuándo?”, “¿por qué?” o “¿qué?”. En realidad, las preguntas no se plantean para encontrar respuestas sino para prolongar la vacilación, o para mantenerse uno a la defensiva, o en un estado de no compromiso, sin que en realidad se escuche ni se quiera saber. Investigar es algo distinto de dudar; cuando investigamos, planteamos preguntas constructivas y se produce una receptividad al aprendizaje y una buena disposición a experimentar.

Cuando hay cualquier tipo de miedo, que puede expresarse a través de la duda, los celos, el secreto o la competitividad, no hay receptividad ni buena disposición. En el centro de todo eso está el miedo a perder una persona, una posición, una posesión o la propia imagen. Todos los miedos, tanto los sutiles como los groseros, causan dependencia, expectación y, en último término, conflicto, con el propio yo o con los demás.

 

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