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Miedo sano y miedo tóxico

Miedo sano y miedo tóxico

Llamamos comúnmente miedo a las maneras normales que tenemos para responder hacia peligros que percibimos, ya sean éstos reales o imaginados. Pero miedo y peligro son cosas diferentes. Hablamos de peligro cuando existe un riesgo real para la salud física o mental, para las relaciones, las finanzas o el entorno. En cambio, miedo (en su nivel tóxico) tiene que ver con esa sensación paralizante que nos bloquea, que inhibe nuestras capacidades físicas o psicológicas y nos impide disfrutar de la vida. A algunas personas les da miedo por ejemplo, hablar en público, conducir, conocer gente nueva, la oscuridad, las arañas, decir “te quiero” o la 6 intimidad. Ninguna de estas cosas suponen un peligro real.

Estas emociones tan fuertes de miedo que se producen ante hechos que no son peligrosos, son miedos irracionales que se han ido aprendido a lo largo de la vida y que nos alejan de la felicidad y del bienestar y limitan nuestra vida. Freud hablaba de dos tipos de miedo, el miedo real y el miedo neurótico.

En el primero existe un peligro real, verdadero, ante el cual corre riesgo la integridad de la persona. Podemos decir que es un miedo racional, de alerta. El otro miedo, el neurótico, es irracional. No hay peligro real que pueda suponer una amenaza para la vida sino que se siente ante algo que no existe, es un miedo que nace de la imaginación y se traduce en sensaciones y sentimientos que paralizan o impiden tomar acciones concretas. En el fondo, en el miedo neurótico, a lo que se tiene miedo es a uno mismo.

Según Jorge Bucay “el miedo es causa y consecuencia de la conducta neurótica, y hasta cierto punto es también su definición, porque el miedo condiciona, limita, restringe, empequeñece y distorsiona.” También señala que ambos miedos, el sano y el tóxico son inventos del pensamientos, ideas imaginarias y desagradables de algo que podría llegar a suceder en el futuro y que no se desea que suceda. Pero mientras uno nos ayuda, nos protege y nos conduce a la reflexión el otro nos enferma, nos limita y nos conduce a la parálisis. Hay entonces muchos ‘grados’ de miedos que conforman una amplia gama de emociones que van desde una leve sensación de alerta y precaución, pasando por la incomodidad, la resistencia y el respeto, hasta llegar al terror y a miedos irracionales, limitantes y paralizantes que pueden desencadenar fobias y ataques de pánico o ansiedad.

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