¿Qué quiere decir Gurdjieff con vivimos dormidos?

“¿Qué quiere decir Gurdjieff con vivimos dormidos?

Que nos hemos perdido. Mayoritariamente hemos perdido la capacidad de autoconocimiento, de estar despiertos en relación a nosotros mismos, de conocernos a nosotros mismos. Esto, decía, porque se nos había atrofiado un órgano que él, muy aficionado a crear palabras nuevas, llamaba el kundabufer. El kundabufer es la capacidad de tener conciencia de uno mismo. Perderla no la hemos perdido, sino que, a lo largo de nuestra maduración y desarrollo, ha quedado oscurecida, como cubierta de una capa de ignorancia a cerca de nuestra esencia y origen, por el desarrollo del carácter, necesario para nuestra adaptación al mundo en el que hemos venido a nacer.

Formamos nuestro carácter pero vamos distanciándonos de nuestra identidad original. Así pues, en mayor o menos medida, esta capacidad para de tener clara conciencia de uno mismo la perdemos a lo largo de nuestro desarrollo, durante los primeros años; desde el nacimiento, hasta  aproximadamente los siete años, en los que se va formando el carácter y se cierra el carácter. En este insoslayable proceso, cambiamos identidad por identificación, ser por parecer.

Cuando nacemos, cuando venimos al mundo, el niño está en contacto íntimo consigo mismo. Todos sabemos que un bebé se expresa cómo se siente. No hay diferencia entre lo que el bebé siente y lo que expresa. En este momento hay una identidad, el niño es sí mismo, y se expresa en el mundo según su identidad, aún sin tener conciencia de ello, obviamente. A lo largo del proceso de parentalización y de socialización vamos perdiendo esta identidad con el propio ser. No es exactamente que lo vayamos perdiendo, sino que va quedándose como enterrada, como ahogada por el desarrollo de esa necesaria función de la personalidad a la que llamamos el carácter.

Esta pérdida de la capacidad de conciencia sobre nosotros mismos hace que las potencialidades con las que nacemos no se desarrollen completamente y armónicamente, unas se desarrollan demasiado y otras demasiado poco, con lo que llegamos a ser unos adultos bastante disarmónicos y condicionados por una rígida e infantil estructura defensiva, que nos aboca a un estilo de vida también rígido, poco creativo, falto de espontaneidad y de libertad. Vivimos, pues condicionados, muy condicionados, por aquello que nos ayudo en la infancia y que ahora resulta un lastre obsoleto…”

 

Extracto de un escrito de Juan José Albert.

Psiquiatra. Neurólogo. Psicoterapeuta clínico integrativo. Coordinador clínico del I.P.E.T.G. Miembro de la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo (S.E.P.T.G.) y Miembro Didacta y Supervisor de la A.E.T.G. Miembro de la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapia (F.E.A.P.) y de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (A.E.N.)

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