Tomar a los Padres. Brigitte Champetier de Ribes

PADRES e HIJOS. TOMAR A LOS PADRES. HIJOS CON DIFICULTADES.

Brigitte Champetier de Ribes

Cada uno somos hijo o hija de, hayamos conocido o no a nuestros padres, estén muertos o estén vivos. Estamos hechos de ellos. Nuestros cromosomas son sus cromosomas. Somos cada uno una mezcla única de ellos dos.

Los hijos son la vida que los padres han creado en su abrazo.

Nuestra relación a nuestros padres es nuestra conexión base. Es nuestra sintonía con la vida y con algo más grande. Reconocer que somos hijos nos conecta inmediatamente con la fuente de la vida y con la vida misma.

Somos la vida engendrada por ellos. Somos vida.

Sólo cuando tomamos a nuestros padres, empieza el camino del crecimiento. Todo lo que hacemos antes de haber podido tomarlos, son anhelo y necesidad de supervivencia. Nos creamos padres universales, superiores, en sustitución de los humildes padres de carne y hueso que no hemos podido todavía reconocer como nuestros únicos y verdaderos padres. Esta creencia de sustitución se desdibujará en cuanto aceptemos ser los hijos o hijas de nuestros padres físicos. El soltar esas creencias puede ser doloroso y suele representar una gran etapa de crecimiento, de renuncia de lo ideal por lo real.

La actitud esencial ante los padres no es emocional, es una actitud existencial.

Haya sido la que haya sido la vivencia con los padres, esta actitud es la necesaria para disfrutar de la vida. Después, si hace falta para su supervivencia, el hijo añadirá: “Y para mi protección me alejo de vosotros, queridos padres.”

Al renunciar a la reivindicación emocional, repentinamente las heridas empiezan a sanarse. La actitud cuántica, el estar en nuestro Adulto, nos da la libertad y la fuerza de tomar la vida como es, de dejar de sentirnos víctimas y decidir hacer algo en la vida con lo que nos haya tocado. En cuanto nos rendimos ante nuestro pasado como fue, la vida nos hace un regalo inesperado, damos un “salto cuántico”, la energía benevolente del Campo se manifiesta, nuestra vida se transforma.

En esta conexión con los padres está implícita la conexión con algo más grande.

El llamado “desarrollo espiritual” únicamente empieza cuando uno ha tomado a sus padres; antes no puede más que construir castillos en la arena, que se desplomarán en cuanto se acerque a la realidad de sus padres de carne y hueso.

Los padres para el hijo son una unidad indisociable.

La decisión del hijo de considerar a sus padres como una unidad de la que es el fruto, conlleva amarlos a los dos por igual, respetarlos y tener gratitud a los dos por igual. Y produce por resonancia un efecto sanador muy potente sobre la relación entre los padres. Los padres acaban reconciliándose internamente.

Al tomar incondicionalmente a su madre, la persona recibe de las fuerzas del destino la salud y el éxito para transitar por la vida. Al agradecerle la vida recibida, se añade la capacidad para amar y la abundancia.

Tomar al padre abre la puerta a la fuerza, la realización profesional y la responsabilidad.

Conseguimos estar al servicio de la vida cuando estamos en sintonía con los órdenes del amor: orden (el sistema más nuevo tiene preferencia sobre el sistema más antiguo, la persona más mayor tiene preferencia sobre la persona más joven), pertenencia (todos pertenecen a todo, independientemente de lo que hayan sido sus vidas) y compensación (equilibrar el dar y recibir, agradecer lo recibido, integrar las polaridades, compensar las vivencias con su opuesto).

El niño, desde su pensamiento mágico y su inmenso amor arcaico, dice inconscientemente a sus mayores: “Yo como tú” o“Mejor que sea yo que tú”, “Yo antes que tú”, etc.

Lo dice por amor arcaico, infantil, arrogándose el destino de sus mayores. Esto sólo puede atraer más desgracia, pues las consecuencias sistémicas del desorden, de la arrogación o usurpación de destino son siempre muy severas. Y por otra parte esta decisión infantil inconsciente lo perseguirá el resto de su vida, a no ser que en algún momento se dé cuenta y elija conscientemente vivir su vida.

Los órdenes del amor son los que liberan nuestras existencias de sus tragedias, pero sólo los saben vivir los adultos, desde su decisión consciente.

La familia es una comunidad de destino: todo lo que afecta a uno afecta a todos.

Los hijos son los pequeños, están al servicio de los grandes. Todo ser vivo, por esa misma ley, está al servicio de su especie. El destino no es individual, el destino de uno será lo que la especie necesite a través de ese ser. Paradójicamente, al mismo tiempo, cada ser es visto y amado individualmente por algo más grande, al que pertenece.

En la relación entre los grandes y los pequeños, la actitud de los pequeños es fundamental. Si respetan a los mayores, sus destinos serán livianos. Pero el pensamiento mágico del niño y su amor arcaico incondicional, hacen que se otorguen los sufrimientos de sus mayores, a la vez que les toca compensar los desórdenes de sus mayores.

Todo olvidado o excluido será representado por un pequeño, para ser visto y reincluido por los grandes del sistema familiar.

Por lo que los hijos ven a los excluidos que sus padres no ven…

Y lo ven a través de cualquier comportamiento anómalo.

Liberar a los hijos es prioritario, pues tienen como destino llevar los vínculos arcaicos pendientes (los que nadie ve o que pesan demasiado sobre los padres) de la consciencia familiar y por lo tanto su sufrimiento puede ser muy grande. Y no tienen autonomía para liberarse de estos vínculos arcaicos. Necesitan que alguien les dé permiso para soltar lo que llevan, pero lo harán sólo si están seguros de que no van a perjudicar a sus padres el soltar la carga.

Mientras son dependientes de los padres sólo pueden vivir la pertenencia a su familia, la adhesión incondicional a los valores y hábitos de los padres. Sólo pueden imitarlos. Ahí es donde aprenden la buena conciencia que da pertenecer y que el rechazo de todo lo que no pertenece es bueno, aumentando con ello la seguridad de pertenecer y la buena conciencia.

El fracaso escolar, las dificultades sociales, la enfermedad, el mal dormir o el mal comer son manifestaciones de la fidelidad de nuestros niños a excluidos.

En un próximo artículo veremos las dificultades de los hijos, falta de concentración, hiperactividad, agresividad, abortos, herencias, la familia reconstituida, etc.

Hasta entonces!

Norma Hayes

Organizadora de las actividades de Brigitte Champetier de Ribes en Argentina.

Brigitte Champetier de Ribes, directora del Instituto de constelaciones en Madrid, visitará la ciudad de Buenos Aires en el mes de Junio para dictar el curso “PADRES e HIJOS. Tomar a los padres. Hijos con dificultades” con las nuevas constelaciones y constelaciones cuánticas. Datos de contacto para más información sobre estas actividades: norma@insconsfa.com – hayesnor@hotmail.com – cel: +54 9 351 508 3830

1 comentario en “Tomar a los Padres. Brigitte Champetier de Ribes”

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