Con María Guadalupe Buttera vamos a hablar de “Ser padres Adultos: Coherencia, Amor y Respeto”.

Ser Padres Adultos no implica solamente dar “buenos consejos” ni marcar el camino que “deben” recorrer nuestros hijos para “ser felices”, ni mucho menos solucionarles todos los “problemas” que se les presenten.

Para ser padres adultos es importante ante todo ser coherentes en nuestros decir-hacer-sentir (lo cual implica un estado interno de adulto en nosotros), porque esto es lo que nuestros hijos toman como ejemplo.
Respetarlos y legitimarlos como adultos responsables de sus elecciones, de sus sueños, de sus necesidades, no formatearlos para que tengan la vida que nosotros deseamos que tengan porque estamos seguros que así serán hombres plenos. Y por supuesto Amarlos…
No han venido a este mundo para cumplir nuestras expectativas, tampoco para realizar nuestros sueños frustrados, por esto es que se hace fundamental validar sus elecciones y por sobre todo sus necesidades, que seguramente no serán las mismas que las nuestras.
La mejor versión de padres son aquellos que inspiran a sus hijos a ir tras sus sueños y que les enseñan a escuchar su corazón y a confiar en eso….
A.Jodorowsky ha escrito un decálogo para ser padres que resulta muy interesante y que puede ayudarnos a mirarnos en ese rol:
  1. He parido un hijo que no es mío. Lo entrego al mundo.
  2. Este hijo no ha venido a cumplir mi proyecto, ni los proyectos de mi árbol genealógico, sino el suyo propio.
  3. No lo bautizo con ningún nombre ya presente en el árbol, ni con nombres que le impriman un destino.
  4. Se lo doy todo, lo crío con afecto, sin dejar de ser yo misma, sin adicción al sacrificio, sino con responsabilidad y desde la libertad.
  5. Le ofrezco herramientas que ayuden a construir el edificio de su propia vida, pero acepto que tome libremente las que él juzgue adecuadas y rechace las inadecuadas para él. Me doy cuenta de que la mejor manera de enseñar a un hijo no es con mítines, ni con límites, sino con el ejemplo.
  6. Acepto que deje de llamarme “mamá” cuando él lo decida, para pasar a llamarme por mi propio nombre, porque así rompe lazos de dependencia y la relación entre ambos se equilibra.
  7. Le permito y facilito que tenga un espacio privado e íntimo en la casa que sienta como su propio territorio.
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