La Lic. Alejandra Anzaudo nos ayuda a re-pensar esta última parte del año. Comienza noviembre y caemos en la cuenta que se termina el año, y casi sin quererlo nos ponemos reflexivos, miramos lo que hemos hecho y lo que no, y sacamos conclusiones que despiertan emociones y sentimientos encontrados. Por un lado, festejos, reuniones con amigos, despedidas… Todo es felicidad, deseos, buenos augurios. Pero, por otro, muchas veces la sensación es de vacío y confusión. Aparecen los objetivos no cumplidos, el temible “balance del año”, las metas no alcanzadas y, sumado a ello, el mandato social de concluir todo, aun lo que no es necesario, antes de fin de año.

Así, damos órdenes imperativas a nuestro cerebro: Hacer, Terminar, Visitar, Organizar, Acomodar, Planificar. Pareciera que no se puede perder tiempo, las cosas deben quedar resueltas sí o sí, con la sensación de que el mundo termina el 31 a la noche.

Este comportamiento desencadena estrés, dificultades en las relaciones, angustias y, en algunos casos, depresión.

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